No todos los data centers son el villano: lo que Quincy le enseña a mi pueblo hidroeléctrico

Hay noticias que uno lee como técnico, y hay noticias que uno lee como hijo de un pueblo. Esta la leí de las dos maneras.
Xataka publicó la contrahistoria de los data centers: un pueblecito de Estados Unidos que ha revivido gracias a uno de ellos. Y yo, que soy de San Carlos, Antioquia —uno de los municipios que más energía le genera a Colombia—, no pude dejar de hacer la cuenta.
Porque hoy de los data centers solo se habla mal: que se toman el agua, que se toman la luz, que no dejan nada a cambio. Y hay parte de razón en eso. Pero la historia completa es más interesante, y para ciertas regiones del mundo puede ser la oportunidad más grande de las próximas dos décadas.
Vamos con los números, que es lo que a mí me convence.
¿Qué pasó realmente en Quincy?
Quincy es un pueblo agrícola de 8.500 habitantes en el estado de Washington. Microsoft llegó en 2006 buscando dos cosas: terreno barato y la energía hidroeléctrica del río Columbia. Detrás llegaron Yahoo e Intuit.
Esto es lo que pasó en veinte años:
| Indicador | Antes | Después |
|---|---|---|
| Recaudación municipal anual | USD 4,2 millones (2006) | USD 54,2 millones (2025) — +1.277% |
| Valor tasado de los 10 mayores contribuyentes | USD 313 millones | USD 6.100 millones (7 son data centers) |
| Pobreza | 29,4% (2012) | 6,2% (2024) |
| Empleos en los centros de Microsoft | 0 | ~400 (700 previstos a fin de 2026) |
| Aceras de la ciudad | 5% | 80% (y 95% de calles pavimentadas) |
| Impuesto predial a los vecinos | — | −70% |
Con esa plata el municipio construyó colegio nuevo, hospital, alcaldía, estación de bomberos y hasta un centro acuático de 15 millones de dólares. En un pueblo de 8.500 personas.
¿De dónde salió realmente ese dinero?
No de los empleos. Y este es el punto que casi nadie explica bien.
Fíjate en la tabla otra vez: 400 empleos en veinte años, contra 54 millones de dólares anuales de recaudación. Si tú evalúas un data center por cuántos puestos de trabajo crea, siempre te va a decepcionar. Siempre.
La riqueza vino del impuesto sobre el valor del capital instalado. Cada rack, cada transformador, cada metro cuadrado construido entra al catastro y tributa. Los diez mayores contribuyentes del municipio pasaron de 313 millones a 6.100 millones en valor tasado, y siete de ellos son data centers.
O sea: un data center paga como una ciudad y consume servicios públicos como una bodega. No manda 3.000 niños al colegio, no satura el hospital, no llena las calles de tráfico. Para un municipio pequeño es un contribuyente casi ideal.
Listo, ese es el mecanismo. Ahora, ¿por qué esto me toca a mí?
¿Por qué esto me pega personal?
Porque yo soy de un pueblo que lleva cincuenta años haciendo exactamente lo contrario.
La central hidroeléctrica de San Carlos son 1.240 MW: la mayor capacidad instalada de Colombia. Ahí mismo, en el municipio, están dos subestaciones de 500 kV y una de 230 kV por donde esa energía entra al Sistema de Transmisión Nacional. El pueblo vecino, San Rafael, alberga tres centrales más —Guatapé, Playas y Jaguas—, otros 900 MW largos.
¿Y qué recibe el municipio a cambio? Las transferencias del sector eléctrico de la Ley 99 de 1993: el 6% de las ventas brutas de la generadora, del cual el 3% va a la corporación ambiental y el 3% se reparte entre municipios. Al municipio del embalse le toca el 1,4%.
Eso es una renta por ceder territorio. Una cifra fija, definida por ley, que no crece con lo que el pueblo haga ni con lo que el pueblo se esfuerce.
Un data center invierte esa relación por completo: San Carlos dejaría de ser exportador de energía que recibe una renta y pasaría a ser consumidor local de energía que paga predial e industria y comercio donde vive la gente. Es dinero de otra naturaleza: propio, creciente, y que no se negocia en Bogotá.
Y hay una capa más, que la gente de mi región entiende sin que se la expliquen: San Carlos es un pueblo que se vació durante el conflicto y que volvió. Cuando Xataka titula "el pueblecito que ha revivido", allá eso no es una metáfora.
¿Qué necesita una región para atraer un data center?
Cuatro cosas, y solo cuatro. Esto aplica igual en Antioquia que en Andalucía:
- Conexión eléctrica disponible en una subestación cercana.
- Fibra óptica troncal pasando por ahí, y latencia razonable a una ciudad grande.
- Agua o clima que permita refrigerar sin pelear con el vecino.
- Reglas tributarias claras y estables, escritas antes de que alguien pregunte.
De esas cuatro, la que más pesa hoy —y la que casi nadie tiene en cuenta— es la primera. El cuello de botella global de los data centers no es la generación de energía: es la conexión a la red. Virginia del Norte, Dublín, Ámsterdam y Singapur tienen moratorias o colas de interconexión de cuatro a siete años. Hay empresas con miles de millones listos para invertir que no encuentran dónde enchufarse.
Ahí está la ventaja histórica de las regiones que llevan décadas generando energía: ya tienen construido el activo más caro y más lento de levantar. La subestación ya está. Las torres ya pasan. La servidumbre ya se pagó, hace cuarenta años, y la pagó la gente del pueblo.
Y un dato que casi nadie sabe: donde hay líneas de transmisión normalmente hay fibra óptica, porque va tendida sobre las mismas torres. Dos de las cuatro condiciones vienen juntas.
Hablemos de las críticas de frente
Porque yo no quiero vender un cuento. Las críticas son reales y hay que mirarlas de frente.
El consumo eléctrico es un problema real. En Colombia, XM proyecta un déficit de energía firme de −2,3% para 2026, −4,4% para 2027 y −6,0% para 2028, con un margen entre oferta firme y demanda por debajo del 2% cuando lo sano sería 10-15%. En un sistema así, meter una carga de 300 MW que no se puede apagar sería una irresponsabilidad. Punto.
La oposición comunitaria también es real. En Estados Unidos ya van 142 protestas contra data centers en 42 estados, con proyectos tumbados en Caledonia e Indiana. Y en mi región el argumento de "se llevan el agua y la luz y nos dejan los apagones" no es abstracto: tiene cuarenta años de historia detrás y razón para existir.
Entonces, ¿cómo se resuelve? No con comunicación. Con estructura, escrita en el contrato:
- Carga interrumpible, que se baje sola en hora pico y en época seca, y que nunca compita con el consumo de una casa.
- Reúso de agua en circuito cerrado, con la inversión a cargo del operador. En Quincy los data centers son el 10% del consumo local y Microsoft puso 31 millones de dólares en infraestructura de reúso.
- Anclaje tributario local, explícito y auditable.
Lo bueno es que esto no es un favor que uno le pida a nadie: una carga que se puede apagar vale más para el sistema eléctrico que una que no. Es un argumento comercial, no una concesión.
¿Qué tipo de data center es realista para una región emergente?
No todos son iguales, y confundirlos es el error más común. Estos son los tres escalones:
| Tipo | Qué pide | ¿Realista hoy? |
|---|---|---|
| Hyperscaler (Microsoft, AWS, Google) | 100-300 MW firmes, 24/7/365, 99,99% de disponibilidad | No, si el sistema eléctrico del país está apretado |
| Cómputo interrumpible (entrenamiento de IA, render, HPC) | Energía barata que se pueda pausar en época seca | Sí. Es el modelo de Islandia, Noruega y Paraguay con Itaipú |
| Colocation regional (1-20 MW) | Soberanía de datos para banca, salud y sector público | Sí. Es el tamaño abordable sin ser un fondo de infraestructura |
El del medio es, para mí, la oportunidad de verdad. Entrenar un modelo de IA o renderizar no es como un hospital: se puede pausar. Un centro de cómputo que trabaja fuerte en época de lluvias y baja al 20% en verano monetiza agua que hoy se vierte por el rebosadero sin generar un peso.
Y eso ya se hace. Islandia y Noruega construyeron una industria completa con esa lógica, y en América Latina el precedente más útil es Paraguay con Itaipú.
La ventana es ahora, no en cinco años
Unos números para dimensionar el momento: el mercado de data centers en Colombia estaba en unos 442 millones de dólares en 2024 y se proyecta por encima de 1.160 millones para 2030, creciendo 17,5% anual. Hoy hay cerca de 40 centros en el país, casi todos concentrados en Bogotá.
Y a nivel global, solo en 2026 las grandes tecnológicas van a invertir más de 700.000 millones de dólares en infraestructura de IA.
Esa plata se está asignando en este momento, mientras usted lee esto. La infraestructura de IA se está construyendo a pasos agigantados, y las regiones que tengan la tarea hecha son las que van a quedar en el mapa. Las demás se van a enterar por las noticias.
¿Qué haría yo si vivo en una región energética?
Cuatro movimientos, en este orden. Y ninguno cuesta plata:
- Averiguar la capacidad libre de la subestación más cercana. En Colombia eso está en el Plan de Expansión de Transmisión de la UPME, que es un PDF público. Es gratis y contesta la pregunta más cara del proyecto.
- Pedir una cotización de fibra oscura hasta la ciudad grande más cercana. Esa sola cotización te dice si el sitio existe o no existe.
- Sentarse con la generadora. Ellos tienen un incentivo propio que casi nunca se menciona: una carga ancla local les baja la exposición de transmisión y les compra licencia social en el territorio.
- Preparar el municipio antes de que alguien pregunte: suelo con uso industrial habilitado en el POT, estatuto tributario predecible y estudiar las figuras de zona franca. Este es el trabajo largo y aburrido. A Quincy le tomó veinte años.
Fíjate que ninguno de los cuatro es "conseguir un inversionista". Ese es el error clásico. El trabajo real es estar listo para cuando toquen la puerta, porque van a tocar.
Lo que me llevo de esto
Yo entiendo perfectamente la crítica a los data centers. La comparto en muchos casos. Pero hay algo que uno aprende operando tecnología todos los días: la misma herramienta que en un contexto destruye, en otro construye. Lo que cambia no es la tecnología, es cómo se negocia.
Un data center mal negociado es exactamente lo que la gente teme: se lleva agua, se lleva energía y deja empleos temporales. Un data center bien negociado le paga a un municipio de 8.500 habitantes un hospital, un colegio y un 70% menos de predial para todo el mundo.
Y esa diferencia no la decide la empresa que llega. La deciden las reglas que el territorio tenía escritas antes de que llegara.
Por eso creo que a esto hay que verlo con buenos ojos. No de ingenuo, sino de estratega: identificar el activo que uno ya tiene y que el mundo está necesitando con urgencia. Mi región lleva cincuenta años entregando energía y recibiendo una fracción a cambio. Hoy, por primera vez, existe una industria que necesita ir hasta donde está la energía, en lugar de que la energía viaje hasta ella.
Eso es una ventana. Y las ventanas no se quedan abiertas esperando a nadie.
Si estás pensando en tecnología para tu negocio o para tu territorio —automatización, IA, infraestructura propia— y quieres la opinión de alguien que lo opera todos los días, conversemos. Te digo con criterio qué haría yo en tu caso.
Al final, el límite lo pone uno.
Yoany Andrés My Store Digital
Este artículo parte del reportaje de Xataka La contrahistoria de los malos que son los centros de datos, y se apoya en datos públicos de XM, la UPME, ISA e ISAGEN sobre el sistema eléctrico colombiano.
Preguntas frecuentes
¿Los data centers realmente dejan dinero en el pueblo donde se instalan?+
Sí, pero no por la nómina. En Quincy (Washington, 8.500 habitantes) la recaudación municipal pasó de 4,2 millones de dólares en 2006 a 54,2 millones en 2025, un aumento del 1.277%. Ese dinero vino del impuesto sobre el valor del capital instalado: los diez mayores contribuyentes pasaron de 313 a 6.100 millones en valor tasado. Con eso el municipio construyó hospital, colegio, bomberos y bajó el predial a los vecinos un 70%.
¿Cuántos empleos genera un data center?+
Muchos menos de los que se prometen. Los centros de Microsoft en Quincy emplean unas 400 personas después de casi veinte años, con proyección de llegar a 700 a finales de 2026. Si evalúas un data center por empleos directos, siempre te va a decepcionar. El valor real está en la base tributaria y en los salarios, muy por encima del promedio de la región.
¿Qué necesita una región para atraer un centro de datos?+
Cuatro cosas concretas: capacidad de conexión eléctrica en una subestación cercana, fibra óptica troncal pasando por ahí, agua o clima que permita refrigerar, y reglas tributarias claras y estables. De las cuatro, la que más pesa hoy es la conexión eléctrica: en Virginia, Dublín o Ámsterdam las colas de interconexión son de cuatro a siete años.
¿Cuánta agua consume un data center?+
Menos de lo que se cree cuando está bien diseñado. En Quincy los data centers representan cerca del 10% del consumo de agua local, y Microsoft invirtió 31 millones de dólares en infraestructura de reúso hídrico asumiendo los costos operativos. La clave es exigir circuito cerrado y reúso desde el contrato, no después.
¿Por qué las comunidades se oponen a los data centers?+
Porque en muchos casos tienen razón: consumen energía en sistemas eléctricos que ya están apretados y el beneficio local no siempre se pacta. En Estados Unidos se contabilizan 142 protestas en 42 estados y hay proyectos caídos por oposición comunitaria. La forma de evitarlo no es comunicación, es estructura: carga interrumpible, reúso de agua y anclaje tributario local pactados desde el día uno.
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